Fitxa de espectacle

Los abrazos del pulpo

Companyia: Centre Dramàtic de la Generalitat Valenciana
Estrena: Teatro Olympia


Documents per a consultar en la sala

  • 1/15 Programa de mà

Fitxa tècnica

Autor: Molina Foix, Vicente
Coreografia: Martinsen, Skip
Direcció escènica: Ruiz, María
Intèrpret: Gaos, Lola, Gurruchaga, Javier, Lorente, Armando, Martín, Pepe, Serrano, Julieta, Valle, Amparo
Espai escènic: Cytrynowski, Carlos
Espai sonor: Pablo, Luis de
Realització d'espai escènic: López, Enrique
Realització de vestuari: Sastrería Cornejo
Fotografia: Llenás, Quim
Producció: Centre Dramàtic de la Generalitat Valenciana, Centre Nacional de Noves Tendències Escèniques
Utillatge: Mateos
Dramatúrgia: Molina Foix, Vicente


Més dades


"¡Oh pulpo de mirada de seda! Tú, cuya alma es inseparable de la mía; tú, el más hermoso de los habitantes del globo terrestre, que gobiernas un harén de cuatrocientas ventosas; tú, en quien moran notablemente, como en su residencia natural, de común acuerdo, unidas por un lazo indestructible, la dulce virtud comunicativa y las gracias divinas, ¿por qué no estás conmigo, tu vientre de mercurio contra mi pecho de aluminio, sentados los dos sobre alguna roca de la costa, para contemplar ese espectáculo que adoro?"
Lautréamont, Les Chants de Maldoror, Canto primero, estrofa IX.
"De pronto, sintió que le asían el brazo.
Lo que experimentó en ese momento fue un horror indescriptible.
Algo que era delgado, áspero, plano, helado, viscoso y viviente acababa de retorcerse en la sombra alrededor de su brazo desnudo. Y le subía hacia el pecho. Era la presión de una correa y el empuje de una barrena. En menos de un segundo, no sabía qué espiral le había invadido el puño y el codo y le rozaba la espalda. La punta llegaba hasta su axila.
Gilliat se echó hacia atrás, pero apenas pudo moverse. Estaba como clavado. Con su mano derecha aún libre, cogió el cuchillo que tenía entre sus dientes y, con esta misma mano, sujetando el cuchillo, se apoyó en la roca, e hizo un esfuerzo desesperado por retirar su brazo. Sólo consiguió aflojar un poco la ligadura, que se estrechó. Era flexible como el cuero, sólida como el acero, fría como la noche.
Una segunda liana, estrecha y aguda, salió de la grieta de la roca. Era como una lengua fuera de una boca. Lamió de un modo espantoso el torso desnudo de Gilliat y, alargándose de golpe, desmesurada y fina, se aplicó sobre su piel y le rodeó todo el cuerpo. Al mismo tiempo, un sufrimiento inaudito, sin comparación con nada, se apoderó de los músculos crispados de Gilliat. Sentía en su piel huecos redondos, horribles. Le parecía que innumerables labios, pegados a su carne, querían beber su sangre."Una tercera liana ondeó fuera de la roca, tanteó a Gilliat, y le azotó los costados como una cuerda. Y quedó allí fija.
La angustia, en su paroxismo, es muda. Gilliat no dio ni un solo grito. Había suficiente luz para que pudiera ver las repugnantes formas aplicadas sobre él. Una cuarta ligadura, rápida, como una flecha, saltó alrededor de su vientre y quedó allí enrollada.
Era imposible cortar o arrancar esas correas viscosas que se adherían estrechamente al cuerpo de Gilliat por varios puntos. Cada uno de estos puntos era un horno de horrendo y extraño dolor. Era lo que experimentaríamos si nos sintiéramos tragados a la vez por una muchedumbre de bocas demasiado pequeñas.
Un quinto alargamiento salió del agujero, se superpuso a los otros y vino a replegarse sobre el diafragma de Gilliat. La compresión se añadía a la ansiedad. Gilliat apenas podía respirar.
i Estas lianas, puntiagudas en su extremo, se iban alargando como filos de espada hacia la empuñadura. Las cinco pertenecían evidentemente al mismo centro. Se movían arrastrándose sobre Gilliat. Sentía desplazarse esas presiones oscuras que le parecían ser bocas.


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