Fitxa de espectacle

Don Juan, El burlador de Sevilla

Companyia: Pentación Producciones


Fitxa tècnica

Autor: Molina, Tirso de
Direcció: Hernández, Emilio
Coreografia: Salazar, Ana
Intèrpret: Perea, Fran, Pintor, Isabel, Roelas, Jorge, Tejada, Manuel
Espai escènic: Leal, Francisco, Ruiz de Alegría, Javier
Vestuari: Sanchis, Helena
Composició musical: San José, David


Més dades


Una España en decadencia política y moral da nacimiento al mito de Don Juan.
Es la otra cara del que años atrás, derrotado y cansado, enterrara Cervantes.
El ideal de humanidad, el quijotismo español tiene un feroz reverso de la medalla en el Don Juan individualista y asocial: un hombre español y cosmopolita, desengañado de un ideal por el que luchar, y que lucha por su capricho, por los dictados de su real gana. Es la afirmación ciega y estéril de su propio yo, de su
egoísmo.
A Don Juan no le interesa el amor, no le interesan las mujeres ni la sexualidad, sino probarse a sí mismo que es capaz de vencer. Don Juan es un exponente de la impunidad y la corrupción en una España monárquica.
Don Juan es el poder. Es el afán de dominio, la sublimación del ego: nada ni nadie por encima de él. Es producto de una monarquía corrompida, una nobleza ociosa, viajera y cosmopolita: eran de dominio público, y probablemente celebradas, las galantes aventuras del Rey.
Tirso habla de la corte de Alfonso XI, por no hablar de la suya propia. Y nosotros podríamos hablar de la nuestra a principios del siglo XXI. En el XVII vivía y triunfaba Lope de Vega, soldado en Italia y recalado en Sevilla, un don Juan mil veces arrepentido y mil veces en las andadas, a quien un tal Tenorio raptó una hija.
Cualquiera de estas referencias pudo inspirar a su discípulo Tirso, Confesor Real, y cuyo confesionario debió proporcionarle un rico conocimiento del disoluto mundo del entorno monárquico.
Don Juan, como el Rey, es tolerado y envidiado por el público masculino: él posee lo que ellos carecen: la libertad, la capacidad de huir, de recobrar un estado primitivo sin obligaciones ni responsabilidades. Su poder, su relación con el poder, su posición social y económica es cobertura de su éxito.
Un poder amoral como el de esa monarquía que tiene en el ocio su único trabajo y que protege a los suyos para su propia supervivencia. Que dicta unas leyes al servicio del hombre que toleran con benevolencia los abusos del mismo hacia la mujer.
La muerte, el supuesto castigo a la conducta de Don Juan, no le llega del poder o la justicia, sino de su propio juego, como a un torero, de una ruleta rusa creada enla irrealidad ya que la realidad no le basta, y que supone el listón más alto de esa vida ociosa, por y para el riesgo, que su posición social le permite.
Una posición privilegiada en una sociedad en decadencia que llevaría a la extinción de la misma Casa Real.


Representacions

Teatre Principal d'Alacant: 10/10/2008


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